Ser feliz está en tus manos

La felicidad es un estado transitorio, efímero. Sentirse querido, seguro y protegido influyen a que una persona sienta la felicidad. Ahora bien, la envidia, el egoísmo y la insatisfacción, entre otros, dificultan que podamos experimentar esta sensación.
doctor
Dr. J. L. Pedreira Massa. Psiquiatra. Hospital La Luz (Madrid)
31/03/2017

Filósofos, poetas, médicos, humanistas…intentan definir la felicidad y no consiguen llegar a un consenso. Quizá podríamos delimitar la periferia con elementos conceptuales, pero en ningún caso definirla. Estos límites serían: sensación de bienestar, sensación de alegría interna, sensación de plenitud, sensación placentera, sensación de asertividad ante casi todo, sensación de ver lo bueno, sensación de no ver los aspectos más desagradables, sensación de estar más que de ser. De forma ideal sería bueno saber que la felicidad es un estado transitorio, en ocasiones efímero. Es una dimensión temporal que se limita al momento presente, al aquí y ahora. Y como hemos dicho es una sensación, una sensación subjetiva.

Muy difícil poder expresar en pocas palabras las condiciones que se precisan para ser feliz: por un lado deben sentirse queridos, pero por otro lado también deben sentirse seguros y protegidos. Deben tener una seguridad en ser comprendidos. Entonces lo exteriorizarán en grados de tranquilidad, receptividad, estarán atentos, reclamarán atención y se mostrarán alegres y juguetones. Podríamos decir que no sienten aburrimiento.

En algunas etapas del desarrollo humano, como por ejemplo la adolescencia, la felicidad es más complicada, es una etapa llena de dudas y preguntas y, por lo tanto, la búsqueda de la felicidad les "agobia", ese agobio les dificulta poder disfrutarla. Además, el adolescente se suele sentir observado, criticado, comparado, exigido, limitado así es difícil sentirse feliz y lo seguirá buscando.

Posiblemente la felicidad no es materia de un aprendizaje directo. Por el contrario, está más relacionada con la vivencia de experiencias placenteras. Más que aprender es vivenciar y sobre todo que las interacciones que se realicen sean placenteras y contengan seguridad y asertividad. La crítica, en caso de existir, debería ser positiva y tener una vía de salida y de acompañamiento por parte del adulto de referencia.

Es así que una infancia feliz no garantiza una adultez feliz. Todo lo más, garantiza un conocimiento y una experiencia placenteros, pero la felicidad nos la hemos de construir y ganar cada uno en base a nosotros mismos y en nuestra interacción con los demás.

Hoy está de moda hablar de resiliencia que es un concepto abstracto. Un autor llamado Cyrulnik quiso trasmitir el concepto, de forma gráfica, como la capacidad de regeneración ante las dificultades y que una sonrisa ante esa "herida del alma" hace que cambie tu actitud derrotista por otra de esperanza y de vuelta a la ilusión. Otro autor más relevante y riguroso, D.W. Winnicott lo expresa diciendo que la vida saludable consiste en una dialéctica continúa entre ilusión y desilusión, es decir que gracias a que sentimos la desilusión somos capaces de volver a ilusionarnos y porque nos ilusionamos somos conscientes de los límites de esa ilusión. Así se ejercita la resiliencia, con los principios conocidos como "yo tengo", "yo soy" y "yo puedo".

¿De qué depende la predisposición de un niño a ser feliz o infeliz? ¿De factores físicos o de factores psicológicos? Ambos factores intervienen y están en continúa interacción. Por un lado los factores psicobiológicos definen la vulnerabilidad, y por otro lado los factores psicosociales delimitan los factores de riesgo. Es evidente que el estar y sentirse sano, no tener discapacidades sensoriales o motrices, es un dato para sentirse bien, pero eso no excluye que personas con discapacidades lo puedan ser de igual manera; ahora bien no situemos la belleza externa porque en ocasiones limita el sentimiento de felicidad. En cuanto a los mecanismos más psicológicos son diversos: sentirse querido, seguro, apoyado y acompañado, tener puntos de referencia estables, tolerar la frustración de forma positiva, disfrutar de la amistad, tener algún compromiso social, son factores a tener en cuenta, aunque per si solo ninguno sea definitorio de felicidad.

Ahora bien, la felicidad tiene elementos que se oponen a que podamos conseguirla. La ambición malsana, la envidia, la agresividad, la crítica por la crítica, el egoísmo con egocentrismo y narcisismo social, la insatisfacción ante todo, la exigencia permanente al otro, la desidia por el sufrimiento del otro, no saber reírse de sí mismo, tomarse tan en serio la vida que no se puede vivirla, el leguleyismo a ultranza, el perfeccionismo con intransigencia, el creerse poseedor de la verdad (como si la verdad existiera), el no permitirse meter la pata, el hacer siempre lo que hay que hacer y se espera que hagas, la rigidez mental, el autoritarismo, el machismo, la dificultad para compartir y para disfrutar, el bloqueo lúdico… son solo algunos de estos enemigos.

La felicidad está ahí, debemos cogerla, en episodios a veces efímeros, pero posibles…